domingo, 16 de agosto de 2015

Colegio BILBAO, o la importancia de haber sido maestro

Voy a cambiar el tono humorístico y lúdico de mis últimas entradas (pero sólo un poco, eh?) para dedicar una a un lugar que me cambió la vida. De hecho, esta entrada abre espacio a otros lugares o momentos de los que también guardo grandes recuerdos o han supuesto para mí puntos de inflexión importantes, y de los cuales iré haciendo entraditas o entradotas en este vuestro blog. Voy a empezar por hablar de mi relación con la docencia desde la perspectiva del COLEGIO BILBAO.

Es muy difícil explicar con palabras cuál es mi perspectiva de la docencia. Una forma de vida (eres o no eres), una esperanza, un camino, ..., todo menos una profesión al uso. Y es difícil tratar de explicar con palabras qué ha supuesto en mi vida ser maestro del colegio BILBAO (o lo escribo en mayúsculas o me refiero a él como El Colegio, el lugar donde definitivamente descubrí lo que me gusta hacer en la vida). No se trata sólo de un espacio o unas obligaciones diarias, se trata de una visión, de una propuesta continua de actividades sobre una actitud conjunta, el cambio, la educación para una sociedad basada en el bien común, sí, lo habéis leído bien, el "bien común" (ohhhhh este tío está loco). Al menos así lo compartí (y lo comparto) con varios amigos y amigas que he hecho en este rincón del mundo, un rincón que trata de expandir su propuesta poco a poco, pero de manera constante, en el seno de nuestra sociedad. No se trata de que El Colegio proporcione todo esto, más bien se trata de que los maestros y maestras han ido adecuando sus espacios y trayectorias, enseñanzas, visiones, etc. a que este cambio sea una realidad posible, una posibilidad real. Por encima de los espacios señores y señoras, está la voluntad de las personas. Y ahí, déjenme que les diga, mis compañeros y compañeras tienen mucho que decir, y mucho por hacer. Valores, ética, futuro, ..., son palabras muchas veces huecas, porque la naturaleza del cambio no está en seguir los actuales parámetros lingüísticos, sino propiciar el cambio de los mismos, de tal forma que no sean palabras las que marquen líneas de conducta, sino comportamientos grupales estables y focalizados en el progreso del ser humano como ser humano, no como ente independiente, como el producto de una educación que propicia las habilidades individuales por encima de las grupales. Todas estas intenciones (me refiero al cambio de costumbres a través de la educación) venían cimentándose desde el inicio de mi formación humanística, y aunque suene demasiado poético, fueron la conclusión de muchas discusiones filosóficas en mi etapa adolescente. La sociedad necesita un cambio que tiene que venir de la educación (ojo con eso!!! jejejeje). La sociedad empezaba a no tener sentido para mí. Cada día me sentía más desconectado del modus viviendi generalizado de nuestra sociedad consumista, y lo peor de todo es que el sentido práctico del ser humano en general empezaba a resultarme hueco por completo. Una cantidad ingente de seres vivos cuyo único fin es producir NADA (y, por supuesto, consumir los recursos del planeta donde habita).

Cuando llegué a México me propuse dar un cambio radical a mi vida. Muchos amigos me aconsejaron disfrutar de mi situación de desempleado por un año al menos, después de haber vivido muchas situaciones desagradables que me afectaron, debido a la crisis económica española, allá por el año 2010. No entraré en detalles ahora sobre si fue malo o peor, en otro post anterior hacía una reflexión sobre la mesura o cuantificación de un problema en función del paradigma social en el que te desenvuelves. Ahora veo aquellos problemas como puro producto de caprichos debidos a mi obsesión profesional. Necesitaba, pues, limpiarme, adquirir otras prespectivas, otros paradigmas sociales. Y he te aquí que las casualidades y las ganas de hacer cosas me llevaron por el camino de las propuestas sociales en México. Propuestas desde iniciativas privadas, por supuesto. Anduve formándome y capacitándome para apoyar desarrollo de proyectos en comunidades, participé en cursos de apoyo en organización económica en hogares, y participé en un programa de alfabetización (Alfabetiza 2012 y os dejo un ENLACE DE ADECO!!) a través del cual conocí el colegio BILBAO.

Me propusieron entrar en El Colegio mientras me formaba como alfabetizador, realicé un par de entrevistas donde, sobre todo, hablamos de visiones de educación, sobre Europa y América y sobre, por qué no, mi visión sobre la conquista, y casi saliendo para el comienzo de campaña de alfabetización (julio de 2012) me confirmaron mi entrada al mismo para el curso 2012-2013.

Es imposible que en una entrada de blog describa todas las sensaciones, desde que entré hasta que salí, que El Colegio me proporcionó (además, he de decir que conocí a mi mujer en una excursión a Teotihuacán con la escuela, os dejo otro ENLACE!!! para que no os perdáis, aunque las peripecias que nos llevaron a estar juntos llenarían otras cuantas entradas del blog, todas ellas maravillosas). De verdad, sentí que el cambio sí es posible, que el ser humano tiene la pasta necesaria para poder cambiar hacia un "bien común universal", hacia un principio por encima de lo humano. Cierto, no somos ni la mejor ni la peor especie (bueno, ahora mismo sí somos la peor, al menos bajo mi punto de vista, porque yo no he visto a una raza alienígena ni a un animal agotar los recursos de la manera en la que lo hacen los humanos), somos una especie más, la cual debe, de una vez, aprender a convivir en el espacio en el que le ha tocado desarrollarse. No hay otro misterio. La necesidad de evolucionar al ritmo del alumnado es una inyección constante de motivación, me sentía renovado todos los días, y a la vez agotado. No hay un día que no creara, que no pensara en conjunto. Las charlas sobre educación y vías debieran de llenar páginas y páginas de libros. Mejor, debieran llevarse todas las ideas propuestas a cabo, y de hecho muchas de ellas se ponían en práctica. Clases cuya valoración empieza con un 10 y es obligación de los alumnos y alumnas mantener su nota (principio de confianza mutua), descentralización de la figura del maestro (educación horizontal), diálogo directo persona-persona en vez de alumnado-profesorado, formación en habilidades para la vida (otro ENLACE!!! para quien no sepa de qué va esto de las habilidades), propuestas de nuevos desarrollos de redes sociales basados en valores diferentes y complementarios, de forma tangible, ..., ..., ...

Momentos de inspiración educativa o cómo romper tabúes. Sí, falta uno, lo sabemos.

Estaría escribiendo horas sobre todas estas propuestas, sobre cómo se intentaron o se intentan llevar a la práctica, sobre cómo van tomando forma, van variando, y van dando resultados. Lo haré. Y he aquí la conclusión. No puedo olvidarme de ello, aunque mi vida ahora esté en otro lugar opuesto a esta forma de vivir. No puedo olvidarme de "SER" maestro, es decir, el que "ES" maestro, porque es cierto, se nace, aunque lo tienes que descubrir, pero se nace. Me acuerdo de alumnos y alumnas, ilusiones, disgustos, riñas, conversaciones, anhelos, esperanzas, espacios y tiempos comunes, experiencias, del plantel de maestros y maestras, de las visiones, de la filosofía práctica de la educación, del repudio a una sociedad industrializada y consumista, de los pocos espacios untouchables que nuestra sociedad no nos ha dejado, de la ESPERANZA por un cambio a un entendimiento con la naturaleza, con el universo.

Mi mente está aferrada a ese camino, y ahora sólo estoy en una transición, que me llevará a retornar al camino de los caminos, a la DOCENCIA, a fundirme con la comunidad educativa donde no me siento ni maestro ni alumno, donde me siento YO.

Siempre os quiero. Gracias Colegio Bilbao. Gracias Andrés.

sábado, 15 de agosto de 2015

Y de repente ... DESCENT!!

Mi visita más reciente a España fue hace dos años, en el mes de julio de 2013.

Por aquella época, ya había contraído nupcias con mi pareja Rachel, a la cual amo más cada día que pasa. Antes de ese viaje, había hecho otro (en el mes de marzo) en el que, como de costumbre, había visitado unas cuantas tiendas frikis con mis amigos de Madrid. Ir de tiendas frikis es casi una religión, y es la excusa perfecta para acabar borrachísimo perdido con tus amigos de uña y carne y tirado en cualquier rincón de Lavapiés (precioso). Algunas veces hasta comprábamos miniaturas, cómics o juegos. Las que más, pinturas y pinceles. Recuerdo un land rider de los ultramarines pasearse por todos los bares de la Cava Baja.

El caso es que siempre me llamó la atención aquella gran caja azul con las letras "DESCENT, un viaje a la oscuridad" en su portada. "DESCENT ...". Siempre preguntaba al más friki que tú y que yo de la tienda por el jueguito en cuestión. Y siempre obtenía la misma respuesta: bueno, largo pero bueno. Buena ambientación, buen desarrollo de personajes, te mantiene en tensión. En general, recomendable. El precio, algo caro. Y que no me animara a comprarlo no fue nunca una cuestión de precio, más bien fue una cuestión de si sería capaz de sacarle el partido que un juego de esas características requiere, es decir, grupo de colegas que se junten a jugar más de tres horas de forma más o menos periódica. Y en verdad, ese es mi grupo de amigos, sólo que no sólo nos clavamos con un juego, sino que aprovechamos para meter en los "frikidays" más juegos, por el placer de disfrutarlos y de pasar ratos juntos haciendo lo que nos gusta (beber cerveza, ¡ah!, que te habías creído lo de los jueguitos. Claro, igual que mi madre).


Esos amigotes tuyos son muuu raros. ¿No te estarás endrogando?

El tiempo pasó y pasaron los años con él, y también los meses (qué poético me pongo yo sólo). Y llegó una segunda edición del Descent y una simplificación de las reglas y del juego en sí mismo. Empecé a leer sobre la nueva mecánica y me gustó. También oí críticas menos buenas, como que se perdía la profesionalización y el rol de los personajes dentro del juego (es decir, el guerrero no es el guerrero, el mago, no el mago). Pero, en general, la información que llegaba era buena. Así que, después de haber intentado jugar al rol con mi esposa sin mucho éxito, y con muchas ganas de compartir tiempos frikis con ella (no nos olvidemos nunca de las cervezas), me decidí a comprarlo. En aquel segundo viaje del año 2013, en una de nuestras salidas frikis, en una de nuestras visitas habituales a una tienda con un tipo que seguro sabe más que tú y que yo sobre cosas frikis, volví a preguntar al susodicho, esta vez por el DESCENT seguna edición. Su respuesta fue clara: bueno, largo pero bueno. Buena ambientación, el desarrollo de personajes no es tan bueno como en el primero, pero aún así te mantiene en tensión. En general, recomendable. Muchacho instruido. En fin. lo compré. Y ese mismo fin de semana lo probamos. La sensación del grupo en general fue buena. Efectivamente un juego dinámico, cuya curva de aprendizaje para todos es exponencial, y que, gracias al desarrollo y aprendizaje de habilidades de los personajes, el juego tiene más que ofrecer conforme se va avanzando en la historia (para los que no conocen el juego, se trata de un juego atado a una historia jugada en unas 11 partidas en su versión simple, en cuyo final siempre se adquiere experiencia y oro que puede gastarse en nuevos equipos y en desarrollo de habilidades). Es como jugar al rol de la forma más simple y llana del mundo. La historia no requiere excesiva preparación, se puede rolear, y no requiere de un calendario judeo-masónico para programar la siguiente partida.


Partida de las buenas. Larga y tensa. ¿A que luce guay?

Hasta aquí, todo maravilloso. Yo enchufado, amigos frikis satisfechos, metajuego prometedor. Faltaba la prueba de fuego. Disfrutarlo en la casa. Tengo que decir que jugar con mi mujer es divertidísimo. Se toma los juegos en serio no, lo que le sigue de en serio. No hay espacio para una duda en una regla o en una mala interpretación. Las reglas se tienen que saber de memoria. Además, juega para divertirse, lo que no le quita competitividad. Afortunadamente para todos, es un juego cuya mecánica base se aprende en menos de una hora, y la aventura inicial es perfecta para poder poner sobre la mesa la mayoría de ellas. Total, que llegué con mi jueguito bajo el brazo. Lo planté sobre la mesa, monté con ella el primer escenario, hablamos de los personajes y las reglas y nos pusimos a jugar, y ... ¡Éxito! ¡Le gustó! ¡Le gustó mucho! Es una sensación estupenda. El hecho de acertar con un juego para la casa es estupendo, pero el hecho de disfrutarlo juntos es más estupendo todavía. No sé por qué tienen las mujeres tan mala prensa con los juegos de rol o de mesa, algo que yo puedo desmentir por completo. No sé si será gracias a su espíritu participativo, al Descent, a su imaginación o a todo en general, el caso es que a día de hoy no sólo jugamos Descent, sino también participa en dos mesas de rol que yo dirijo, y lo disfruta mucho. Lo disfrutamos mucho.


Madre e hijo contra padre. Juego fácil de aprender y muy visual

En resumen. Juego divertido. Rejugable. Engancha. La curva de aprendizaje es exponencial, se aprende muy rápido, pero aprender combinaciones de habilidades y de personajes requiere tiempo. Jugar contra el Señor Oscuro, que es otro jugador, le da un plus, bajo mi punto de vista. Además, la evolución en las habilidades del Señor Oscuro también recae en parte en la victoria de los diferentes escenarios, lo que supone un reto constante. Como hay recompensas para el Señor Oscuro o para los jugadores en un mismo escenario, desata la competitividad del grupo. En serio, muy divertido (al menos bajo nuestro punto de vista familiar). Si tenéis hijos en edades a partir de los 10 años, os recomiendo que probéis a jugar con ellos o ellas, porque, aunque los expertos en frikismo digan que los roles se han perdido, si no se consigue una buena estrategia, ganar al Señor Oscuro es bastante complicado. Además, yo le pongo al asunto elementos de dungeon master, con voces, con los diferentes elementos de campaña (tienda, visita al pueblo, al recorre el camino hacia el lugar de la aventura, ...), para que mi hijo se sienta atraído por la historia y se sienta partícipe del destino de su personaje y de su pueblo. Bueno, y ya metidos en pedagogía, para que vaya desarrollando la necesidad de cooperación con los demás en la vida, que cuanto antes lo aprendan todos, mejor, incluso muchos adultos, y no quiero señalar a nadie.

Hasta la próxima entrada!!

viernes, 14 de agosto de 2015

Estamos jugando: Star Wars Al filo del Imperio. Huida de Mos Shuuta I

Saludos!!

Estoy siguiendo varios blogs de la comunidad rolera, como "petrificación o polimorfia" o "albinusrol", entre otros. Me lo estoy pasando muy bien y estoy aprendiendo muchas cosas, casi todas para mejorar la dirección de mis partidas (lógico y normal, pues me da por dirigirlas ahora que casi tengo que jubilarme).

Me pareció buena idea compartiros la aventura y el avance de la misma en una serie de "Estamos Jugando ...". Ya sé que me vais a llamar "poco original", "copión", ... Está bien, lo asumo, así soy de vago. No obstante me parece una forma muy sana de compartir la evolución de la aventura, además de una forma de enriquecimiento con vuestros comentarios.

Bueno, sin más, paso a narraros la introducción que le he dado al juego. En próximas entregas, los acontecimientos sucedidos hasta la fecha. Trataré de señalar todos aquellos elementos que he añadido para mejorar (a mi parecer, con lo que eso significa, sobre todo de desastroso) la aventura y el desarrollo de la misma.


¡Qué proffeshioná ...!

Huida de Mos Shuuta (introducción).

Amanece en la ciudad de Mos Shuuta. Uno de los soles de Tatooine ya asoma por el este cuando un grupo de cinco personajes sale por la puerta trasera del palacio de Teemo el Hutt, en dirección a la cantina. La calle está desolada. Dos figuras envueltas en grandes capas oscuras se ven en la entrada de un edificio al otro lado de la calle. Voluminosas, ambas figuras comparten mirada y lo que parece algún tipo de lenguaje nasal-gutural. Son dos gamorreanos. Después de conversaciones secretas, recelos, engaños, trabajos coaccionados, amenazas, vejaciones, ..., después de haber trabajado en condiciones peor que lamentables para esa sabandija de Teemo, cinco intrépidos tienen la oportunidad de escaparse y no a cualquier precio. Será el precio que Teemo ponga a sus cabezas. Ya se ajustarán cuentas con Teemo. Pero tendrán que esperar. El Hutt no se encuentra en la ciudad porque anda cerrando un trato con el imperio. Así lo ha constatado el bothan del grupo, que ha trabajado como informador para Teemo durante el último año, ganándose su confianza, nunca su respeto. Así, ni el imperio ni la guardia personal de éste estarán en la ciudad en las próximas horas. Además, con la excusa de apoyar a la banda de gamorreanos que Teemo utiliza para cobrar sus impuestos en la ciudad, el mercenario wookie, el segundo de a bordo en el grupo, no ha viajado con el séquito, se ha quedado en tierra. Los gamorreanos son la única patrulla de Teemo que queda en la ciudad, y se han adelantado y han entrado en la cantina para hablar con el propietario, un humano ajado por las horas de trabajo en la cantina y de carácter curtido. Humilde, pero no tonto. Él y el wookie se conocen. La mejor opción será emboscar a los gamorreanos en la cantina, el camarero no dirá nada, también ha sufrido la presencia de Teemo por mucho tiempo, y luego robar una nave, para salir de esta ratonera de ciudad, a buscarse la vida, como hasta ahora, con una diferencia, la libertad de trabajar para ellos mismos.


Por la tarde, el sol pega menos (al menos uno de ellos)

Después de sabotear la computadora del palacio, un droide espera una señal para que el grupo avance en dirección a la cantina. Un trapo sucio de grasa envuelve toda la figura metálica a modo de capa. El viento y la arena se cuela por los circuitos del droide AK-R32, y el aire silba al atravesarlo. El técnico de confianza del Hutt acaba de piratear las comunicaciones. Durante unas horas, Teemo estará ciego sobre lo que ocurra en Mos Shuuta. A su manera, el droide sonríe. Sabe que la salida que ha proporcionado al grupo es una trampa segura, una señal inequívoca de chantaje, pero merece la pena. El plan es sencillo. Deben aprovechar esta burbuja para robar la nave de Trex el trandoshano, la cual está atracada en el muelle norte. "El Colmillo de Krayt" ha parado en Mos Shuuta para reparaciones urgentes, y su dueño no se ha levantado aún. Él y Dan, un contrabandista, también al servicio de Teemo, estuvieron rompiendo la noche y acabando con todas las existencias de licores que Teemo tiene en su despensa. Lo que Trex no sabe es que el único que se emborrachó fue él. Tonto. Es la oportunidad de Dan. Él pilotará la nave. Ese Teemo se lo tiene merecido. No importa cuántos esfuerzos gaste Teemo en buscarlos, esa nave servirá para escapar de sus garras y Dan será su piloto. Después de que Teemo averiguara la relación de Dan con la alianza rebelde, le fue fácil poner a éste a su servicio en un lugar tan apartado del conflicto como Tatoonie mediante chantaje, las casualidades de la vida. Ha conseguido que Dan pusiera su vida en riesgo en incontables ocasiones. Sin embargo, hace algunos meses Teemo volvió a cruzar la raya, y demostró una vez más que su sed de poder y de control no tiene límites. Acusó a Dan de haber extraviado un cargamento de kryll, lo que le llevó a un enfrentamiento directo y público en su palacio con Dan. Harto ya, Dan ha ido trazando este plan, poco a poco, al que se han ido uniendo otros miembros del clan del Hutt, hastiados de la figura de éste. Casualidades de la vida (o no).


Un poco más oxidado que el Halcón, y menos tuneado



Kella, otra buscavidas, corelliena, acabó sirviendo a Teemo como prospectora en diferentes planetas como Ryloth. Conoce Mos Shuuta como la palma de su mano, y odia a Teemo con tanta fuerza como la fuerza y la necesidad que la empuja a salir del palacio y de su control. Va a guiar al grupo hacia el muelle, y más allá. Quién sabe en qué mundos tendrán que refugiarse mientras no sean capaces de enfrentarse a Teemo en condiciones. Pero eso no importa ahora. Ahora, la premisa es vivir. Su radar está a punto. Bajo su traje de camuflaje, desgastado de tanto uso, apenas perceptible bajo la arena que arrastra el abrasador aire de Tatooine, un bláster cargado. Sin señales de naves en kilómetros. Sólo los gamorreanos en la entrada de la cantina. Dentro, un par más. Cierra los ojos. Algo pasa por su interior, como una voz, suave, cálida. “Es el momento”, le dice. “Confía en tus instintos, te guiarán bien”. – Ahora- Dice ella, - y que la fuerza os acompañe.


Si me tocas, me chivo



Llega el momento, los cinco avanzan hacia la puerta de la cantina. En sus manos, pistolas y rifles blásters, algunas municiones (menos de las que quisieran). Nerviosos, pero confiados. Los gamorreanos han detectado su marcha hacia la puerta. Notan que algo está pasando. Se inquietan, comienzan a hablar a trompicones, sus cuerpos se mueven con la misma torpeza que sus palabras, mueven sus cabezas a un lado y a otro, no saben qué hacer. De pronto, PFIUUUUU PFIUUUUUU!!!!! Todo el grupo mira para el wookie, ¡su bláster impactó en ambos! Ya no hay vuelta atrás. Entremos en la cantina!!!!

Hasta la próxima entrada!! Saludos y que la fuerza os acompañe!!


miércoles, 6 de mayo de 2015

Vuelta la burra al trigo (la rolera, claro)

Pues me estoy haciendo con un pequeño club de fans, y, después de un periplo bastante escaso de rol, en el cual he jugado muy esporádicamente, parece que he conseguido montar dos mesas medio estables que me permiten jugar al rol aproximadamente una vez al mes. Y, la verdad, me voy dando con un canto en los dientes.

Mira que guapo y que contento que estoy
Como os decía, he montado dos mesas. Una es de Warhammer Fantasy 3a Ed., la otra es de Star Wars, ambos juegos de FFG.

Estoy disfrutando mucho con ambas mesas porque hay mucha gente novel, y me encanta ver las reacciones que tienen a las diferentes situaciones y cómo se desenvuelven. En un momento de la partida, los jugadores de Star Wars estaban infiltrándose en un palacio, equipados con intercomunicadores. Los jugadores se levantaban de la mesa y se llevaban la mano a la boca para simular el intercomunicador, totalmente convencidos de que estaban recorriendo los pasillos y galerías del palacio, y se ocultaban tras las sillas, tabiques de la casa, ..., impagable, vaya.

También se me hace un poco duro meter a los jugadores en las partidas, sobre todo en la mesa de Warhammer Fantasy, y es que el método de "para todo tengo una ficha o una carta que puedes usar con todos estos contadores que debes poner encima" no es tan "visual" como FFG aseguraba. Bueno, visual sí que es, puesto que todo está a la vista, pero de intuitivo o fácil de manejar nada, al menos en las primeras tres sesiones.

Típico jugador de WFRP 3a Ed. Cuarta jornada de juego
Jugador típico de WFRP 3a Ed. después de unas pocas jornadas de juego

El juego, con tanto componente, se hace extraño de jugar, pero la verdad es que las ganas de los jugadores están por encima de los elementos que se necesitan para ello, por lo que el acostumbrarse a usar tanto elemento al final pasa a un segundo plano, ..., pero muy al final.

En definitiva, que me estoy divirtiendo como un enano. Se me hace duro tratar de que todo el entorno de la partida sea tan creíble para ellos y ellas que no tengan que pensar en todos estos elementos "out of the game", pero en eso está el trabajo del director, ¿no?

Para apoyar al contexto en una de las mesas, y a la partida fuera de ésta, he creado un página en el portal Obsidian ("TORMENTA INMINENTE", ¡¡ENLACE!!), donde puedes crear una wiki, postear sobre lo acontecido en la aventura, crear un calendario, mandar mails a los integrantes e incluso esperar pacientemente durante jornadas y jornadas a que los jugadores te pasen su mail para darles de alta o esperar que posteen algo sin llegar a desesperarte. Para los jugadores está genial (siempre que quieran trabajar un poco en sus personajes) porque te permite hacer su biografía, interactuar fuera de la mesa de juego,  comentar partidas o apoyar en la creación de la wiki. Estoy haciendo la prueba a ver qué tal funciona, pero la verdad es que no están muy motivados con este medio, quizás porque no son tan roleros como para mantener vívida la aventura fuera de la mesa de juego. Sin embargo, para gente más experimentada o con muchas ganas de meterse de vez en cuando en la vida de su personaje es una herramienta altamente recomendable (eso sí, las versiones más completas del portal son de pago, OJO!, así es esta vida, ¿qué os habíais pensado, lebreles?).

Ya os iré contando como se van desarrollando las mesas.

martes, 11 de junio de 2013

Los problemas no son tan fieros como los pintan (a veces)

Creo que hoy me toca reflexionar sobre la forma en la que nos enfrentamos a la gran mayoría de nuestros problemas y la escala con la que los medimos.

Y creo que me toca reflexionar porque en estos momentos de mi vida quisiera ponerme a protestar pero mejor me callo, porque no tengo una vida tan complicada ni una situación tan desesperante como para que se me nuble el juicio. Todos los problemas de la vida son cuantificables, pero estamos demasiado acostumbrados a tomar como normal nuestra situación, y así comparamos y medimos nuestros problemas según nuestro propio entorno y nuestra propia cotidianeidad. Así nos va.

Me gustaría enfocar esta reflexión desde dos perspectivas. Una desde la falta de práctica que las personas muestran a la hora de valorar una situación, la cual, como decía, usa como referencia constante la cotidianeidad más inmediata, y la otra desde la fea costumbre que tienen las personas de esperar algo de los demás. No es extraño ver cómo algunas llegan a ofenderse cuando no obtienen lo esperado.

En la mayoría de los casos, esta primera forma de valorar los problemas (costumbrista) puede resultar satisfactoria porque contextualiza perfectamente el problema y sus posibles consecuencias en un espacio-tiempo que nos es conocido. El "no pensar en exceso" es un recurso muy rápido para solucionar problemas. Tenemos una pequeña angustia a causa de un problema, contextualizamos, observamos las soluciones posibles desde nuestro propio entorno y decidimos. Rápido e, incluso, eficaz. Nuestro cerebro (leí una vez) también busca el ahorro de energía como forma natural de subsistencia, y las preocupaciones largas consumen recursos en exceso. Así que el cerebro, grosso modo, piensa por nosotros, nos da una solución rápida y, a priori, eficiente. Nos evita enfrascarnos en la búsqueda de otras referencias para poder resolver el problema que se nos plantea lo más rápido posible.

La segunda tiene que ver con la primera, en tanto en cuanto también esperas un resultado homólogo a como tú te comportarías con tu entorno social, por lo que, desafortunadamente, esperas de éste el mismo tipo de reacción que tú tendrías. Aunque parezca egoísta, no lo es, pues presupones que tú sí harías algo por tu entorno social (incluso puede que ya lo hayas hecho) y esperas reciprocidad en los comportamientos (eso te dice el sentido común).

En ambos casos, una lástima, pues el ser humano se deja llevar por estas conductas livianas de comportamiento que, si bien pueden llevarnos horas de reflexión y hasta agotarnos intelectual o físicamente, llegado el caso, no producen los resultados óptimos esperados (en muchas ocasiones), y sin embargo el fracaso (entendido como la no consecución de aquello que pensábamos que iba a pasar) puede llegar a frustrarnos, síntoma inequívoco, de nuevo, de este costumbrismo que señalo. Creo que todos hemos pasado por pensar que el mundo está en nuestra contra y aquella o ésta persona no está ayudando a mi problema como yo les ayudaría a ellos.

Bueno, pues de repente me veo en esta situación y en esta reflexión, donde parece que tengo un problema en el cual, de forma automática, trato de encontrar solución desde estas dos perspectivas. Resulta que si pienso en la magnitud del problema, éste no es tan grande ni tan pequeño. Simplemente es un problema localizado en un tiempo muy concreto y con solución a muy corto plazo, solo que requiere de una anticipación al mismo por diversas circunstancias. Cuando te pones a pensar en la magnitud del problema, inconscientemente estás comparándolo con las situaciones de las personas que tienes en tu entorno más cercano o, de una forma mucho más general, con tu cotidianeidad, con los problemas que supones que puede acarrear tener este problema en tu entorno, las soluciones que requiere (también supuestas en el mismo entorno) y la disponibilidad que tienes para dar esta o aquella solución. El mero hecho de no poder satisfacer estas soluciones es ya un motivo de intranquilidad. Es por eso que los problemas deben ser descontextualizados y llevados a otros planos, a otras situaciones y, sobre todo, siempre leidos con transparencia y sinceridad desde uno mismo. Sincero contigo y sincero con los demás. No se puede dar nada por supuesto ni tampoco se puede pensar que la no consecución de la resolución es un fracaso, pues lo más problable es que sea un éxito, pero en otro grado. Las soluciones a los problemas no tienen por qué ser inmediatas ni deben satisfacer a tu entorno. Tampoco deben causar malestar ni conseguir el objetivo y mucho menos deben causar malestar las reacciones de nuestro círculo social, siempre que las situaciones y las formas de proceder se expliquen de manera pormenorizada (si llegara el caso) y se actúe sin mala fe, empáticamente, desde el respeto, etc.

martes, 27 de noviembre de 2012

Una de rol, oiga! Mejor me pone tres, dos para llevar (parte I)

Tengo un poco abandonado este proyecto de blog que empezó hace más de un año, con muy buenas intenciones, pero con muy poca práctica.

La verdad, siempre tengo en mente cosas para llevar al blog y, además de que me ayuda a mantener viva la costumbre de escribir, me permite ordenar muchas ideas que andan rondando por mi cabeza. Sin embargo, la última entrada (anterior a ésta) se publicó en marzo, así que muchas cosas se han quedado en el limbo de los justos durante estos meses de inactividad bloguera. Es cierto que han pasado unas cuantas cosas interesantes, como un viaje a España, una campaña de Alfabetización durante dos meses y hasta un trabajo nuevo como maestro el cual necesita casi de todas mis horas en el día, incluso las de sueño, además de que comencé a estudiar de dos asignaturas de las que me he matriculado para proseguir mis estudios de Humanidades, que han acabado definitivamente con el poco tiempo libre (si es que quedaba algo) del que disponía. Es curioso cómo no importa la cantidad de horas que inviertes en tus proyectos de vida cuando desarrollas las actividades que te hacen sentir realizado. Y, si me sobra algo de tiempo, lo dedico a preparar la campaña de WFRPG (el juego de rol de Warhammer Fantasy 3ª ed.) "The Gathering Storm", traducida en español como "La Tormenta Inminente".

Precisamente, de rol quiero escribir en el blog, primero porque me parece una historia bonita, pero además porque el tema será recurrente en este proyecto, ya que me gustaría compartir todas las experiencias, a modo de relatos cortos, que se irán produciendo durante las partidas que tengo pensado organizar para un inminente presente.

El mundo desde una pantalla de director de juego ...

En este periodo de adaptación a México, mientras que maceraban mis impresiones acerca de la vida sobre nuevas bases intelectuales y decidía qué quería hacer con la misma, me propuse dos cosas. Una, comenzar a pintar miniaturas con técnicas avanzadas y que pudieran apreciarse los resultados. He de decir que estoy en ello, pero no debo ser yo el que diga que ando consiguiéndolos (yo, humildemente, creo que sí). Otra, era organizar una partida de rol como director de juego. Siempre me han gustado los juegos de rol. De hecho, los juegos de rol fueron los que me acercaron a los mundos de fantasía de manera tangible en primera instancia, antes que WFB. Mi primera experiencia con la narrativa fantástica fue a través de la insistencia de mi madre en la lectura de "El Señor de los Anillos". Ya antes (como a casi todo hij@ de vecin@) me gustaba perderme en los albores de mundos desconocidos y por conocer, como por ejemplo los mundos de Star Wars, mi saga de ciencia ficción fetiche, originales, del 79 al 82, no otras, ni siquiera los refritos posteriores de ésta). Casualidades de la vida, a través de Star Wars pero con paso obligado por los mundos de Tolkien, mi vida se topó con los juegos de rol. Estaba a punto de empezar 3º de BUP (17 años) cuando decidí cambiarme de instituto ya que mi familia y yo nos habíamos mudado a un pueblo muy cercano a Madrid (Tres Cantos). Cuando comenzó el curso, empecé a juntarme con un grupo de personas singulares, principalmente porque llevaban el pelo largo como yo en aquella época (uno de ellos, a día de hoy, es como un hermano para mí, concido, entre otros muchos nombres, como Eliandei  jejeje). Un día, hablando de aficiones de películas y de libros, salieron a relucir todos estos temas, y me dijeron:

- Oye, pero tú no has jugado al rol?
- No, eso qué es?
- Pues eres un personaje de Star Wars, por ejemplo, y el que tú elijas, entonces vives una aventura al estilo de las películas, pero no la misma, puesto que las decisiones que tomas durante la partida son tuyas y abiertas.
- Y puedo ser un Jedi?
- Difícil porque hay pocos pero sí.

No hizo falta que me dijera más. Poco tardé en ir haciéndome con la colección de libros de Star Wars D6. Y poco tardé en hacerme un personaje para el MERPG, y posteriormente para el Rolemaster, y para el propio Star Wars, para ... Multitud de libros de jugador pasaron por mis manos en pocos años (Cyberpunk, Vampiro, Aquelarre, ...) y muchas horas fueron dedicadas a estos mundos. Hasta organicé una campaña de Star Wars de cosecha propia, con bastante éxito entre los jugadores que formaron parte de aquellas aventuras. Luego pasé por un período de desconexión total, como desde 1996 hasta 2003, año en que, trabajo y nómina de por medio, me procuré casi todos los libros habidos y por haber de D&D 3.5, tantos que me daba hasta pereza ponerme a leerlos (algún día lo conseguiré) y nunca (a día de hoy) organicé aventura ninguna para ese juego en esa edición. Es así como se me había quedado clavada la espina del rol y de montar una aventura bien trabajada (ambientación, recursos, atrezzo, ...) para que la gente que la jugara se divirtiera y consiguiera escaparse durante la duración de las sesiones a mundos de fantasía fuera de la rutina habitual, yo incluido.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Una mañana perdida

Sube el último tramo de la pirámide y ya enfrenta la plataforma de madera. Son las 11.58am. La ascensión fue tediosa, el calor, molesto, la luz del día deslumbra en exceso a esos ojos acostumbrados a la suavidad de la iluminación de un despacho. La gente forma sin orden, sube a trompicones. Demasiada algarabía que le distrae de sus pensamientos. La venta es importante y la estrategia tiene que estar bien planeada, no puede escaparse un cliente más, y debe tener claro cada movimiento, pero otro empujón lo saca de nuevo de su concentración. Prende un cigarrillo tan rápido que cualquiera diría que apareció en su boca por arte de magia. Quizás lo relaje.

Dejó las visitas de aquella mañana del 21 de marzo aplazadas para poder tomársela libre y cargarse de energía. Sin embargo, empezaba a pensar que aquello no había sido una buena decisión. No es que fuera muy creyente, en casi nada, excepto en su trabajo y en él mismo, pero ya no aguantaba más estrés. Durante los dos últimos años, desde el ascenso, había trabajado más duro que nunca, y todo aquel esfuerzo había tenido su recompensa en forma de una abultada nómina. Por contra, apenas veía a su familia con regularidad, salvo en los desayunos, los cuales se habían convertido en una especie de postal donde contemplar lo que se tiene, lo que uno quiere conseguir, una bonita familia, lindos hijos uniformados dispuestos a ir a una escuela de renombre y linda esposa, con la que no vas a dirigir más de quince palabras en la mañana, en la cocina de una enorme casa con jardín. Tanta carga de trabajo había empezado a hacer mella en su entereza y, aunque el influjo de las pirámides fuera un mito, seguro una mañana de libertad le sentaría de maravilla. Pero multitud de empujones y de gritos estropeaban su concentración de nuevo y su aparente calma. "Una mierda", pensó. El efecto de aquella escapada no estaba siendo el esperado. Sea como fuere, un par de pasos más y se encontraría fuera de aquella estupidez.

El cigarrillo aún ha tardado menos tiempo en desaparecer. Levanta el pie izquierdo y al apoyarlo se encuentra pisando la cima. Sólo quiere pasar el trámite rápido y marcharse. Una niña que se encuentra formada justo detrás mueve su mano alrededor de la suya con intención de agarrarle. No puede avanzar más rápido mientras que las personas que tiene delante no continúen. Está con sus dos pies en lo más alto de la pirámide, son las 12.00pm del 21 de marzo de 2012. La niña busca su mano con la suya insistentemente de nuevo, emocionada, pues apenas se agarre podrá pisarla también. La gente grita y grita, el sol ciega. De repente, la niña consigue tomar su mano y la jala despacio hacia sí, para ayudarse a subir, mira hacia arriba, a su cara, a sus ojos. Mira hacia abajo y encuentra la mirada de la niña que le ase. Su tacto es suave, agradable, sorprendente, todos los pensamientos se han esfumado. Cruza sus ojos con los de la niña en una mirada transparente que parece interminable, y sólo ve pureza en dos pupilas como azabaches que acompañan a un rostro lleno de felicidad. Va vestida de blanco, como todos, y todos sonríen también. Mira hacia el cielo, que es azul, ese azul maravilloso que sólo ves cuando realmente ves el cielo, y la temperatura es tan agradable como el día que de veras sientes la temperatura tan agradable que hasta la disfrutas. La multitud ha dejado de ser un bulto incómodo de camino a la cima, tiene caras, gestos, está alegre, muchos alzan sus manos hacia el sol. Todo es contagioso, hasta el punto de sentir la necesidad de levantar los brazos también, y de reír, y de disfrutar el momento. Una sensación fresca recorre todo su cuerpo y se le eriza el vello. Carga a la niña y se funde con ella en un fuerte abrazo. Son las 12.02pm y tiene los pies sobre la plataforma de salida, sigue cargando a la niña, que no para de sonreír. Su familia atraviesa su mente sobre un pensamiento profundo que toca su corazón, y el día se hace aún más maravilloso. Agarra el teléfono y busca un número en la agenda. No, lo sabe de memoria. Marca. “¿Bueno?” se escucha del otro lado. “Soy yo”, responde, “sólo llamaba para decirte lo mucho que te quiero”.

Gracias al Taller literario "Las Huertas 107".